domingo, marzo 06, 2005

Arbeit Macht Frei

El viernes tengo un concierto en Gijón, otro en Valladolid el domingo y finalmente otro en León el lunes. Mi profesor del superior no hace más que meterme caña y quiere que me monte un obrón de aquí a final de curso. Mi profesor de armonía no se queda corto y quiere que haga todos los cantus firmus del mundo a tropecientas especies. Como consecuencia de eso me he encerrado en mi piso como un eremita de los estudios. Hacía tiempo que no estaba tanto tiempo fuera de casa como hoy. Cuanto más trato de dedicarme a la música profesionalmente más siento que me alejo de ella como expresión artística. La técnica pasa de ser un medio a convertirse en una barrera. Los músicos somos las personas que menos pensamos en la música. En el conservatorio las conversaciones giran en torno a "Los Serrano", al mal cine, a los puñeteros exámenes y las oposicones a momia y el maldito dinero. Me planteo a menudo si todo esto merece la pena realmente. Boxear contra el piano cada vez me parece más una pérdida de tiempo. Sé que cada cual añora lo que no es, pero el caso es que lo que estoy haciendo en este momento no es lo que soñaba cuando tenía doce o trece años. Entonces lo único que quería hacer era crear mundos con mis manos. El Alef estaba detrás de cada sonido. Desde entonces me he deshecho de muchas ilusiona. Hace ya bastante tiempo que las notas musicales ya sólo son notas musicales.

1 Comments:

At 9:19 p. m., Blogger Manolo said...

Eres muy amable. Ya oirás algún día lo que hago, sea lo que sea.

El problema de los conservatorios es que matan a la mayoría de los músicos. Lo tengo comprobado. Una vez que terminas y opositas, no vuelves a bajar una nota en el resto de tu vida. Es complicado sobrevivir. Queman. Queman mucho.

Otro beso.

Manolo.

 

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